Camina lento por un hilo de tela de araña una nena con un moño rojo en su binchita. Estira sus bracitos para equilibrar su peso y con sus mediecitas verdes se prende a la cuerda.
Levanta la cabeza y una bandada de pájaros levantan vuelo.
Ella se cae y su cuerpo se sumerge en un mar helado. Con los ojos bien abiertos ve sus cachetes inflados de oxigeno. Nada a lo profundo y un mundo de callecitas la sorprenden en un suspiro de felicidad.
El océano de colores mezclados es un estadio de aplausos.
Gente que se ríe a carcajadas, y una banda tocando en el centro. Trompetas. Cuatro voces repitiendo una invitación a lo profundo de mar.
La voz retumba en el centro y en los pechos, su nombre es coreado por cientos de personas paradas sobre sus asientos numerados.
Una música insostenible sube, baja .y la voz nasal que tira las cejas hacia atrás.
Lucy en el cielo con diamantes vestida de mediodía, salta y corre por la cuerda en el medio de un verano desértico. Pero con la melodía que aplasta el cuerpo y arrastra el alma hacia el otro lado del puente invisible.
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